domingo, abril 25

La mujer de rojo

Hacía ya varios días que la veía plantada en el mismo cruce de carreteras, casi siempre vestida de rojo, ofreciendo sus servicios muy personales. No era una chica espectacular pero era joven y, además, sabía realzar sus encantos.
Detuvo su coche junto a ella y bajó la ventanilla del pasajero. Ella, solícita, se acercó inmediatamente y se reclinó por la ventanilla luciendo su sonrisa más encantadora. No tendría más de 25 años.
- Hola, guapo. ¿Qué será? –preguntó ella.
Él, sonriendo, contestó:
- No, no es lo que piensas, no.
- Ah, entonces querrás charlar, ¿verdad?
- No, tampoco. Solo quiero que escuches una canción, si te apetece, claro –propuso él.
- ¿Una canción? Bueno, por qué no, en estos tiempos la faena no me mata.
- Solo serán dos minutos –anunció él mientras bajaba del coche y le abría la portezuela para que entrara.
Una vez en el interior subió las ventanillas y sin mover el coche de sitio la invitó a que se acomodara en el asiento y a que cerrara los ojos. Ella, aunque sorprendida, accedió. ¡Al fin y al cabo, cosas más raras le habían pedido! Él puso el lector de CD en marcha y entonces resonaron las primeras notas de "Found and gone", de Fred Mountry. La calidad del reproductor era buena y el volumen el adecuado. La chica, con los ojos cerrados, se dejó mecer por la bonita música. Pese a que el inglés no era su idioma, entendía perfectamente la letra de la canción. Él, de vez en cuando, con una sonrisa imprecisa, la miraba con el rabillo del ojo.
La canción acabó y durante un par de segundos ella permaneció con los ojos cerrados. Él bajó del coche, le abrió la puerta y le ofreció su mano para ayudarle a bajar. Una lágrima corría por la mejilla de la chica. Él subió de nuevo al coche mientras ella, con voz suave le dijo:
- Muchas gracias, me ha gustado mucho.
Conforme se marchaba pensó que a la chica probablemente no le interesaría saber que hacía muy poco había descubierto que su hija, de su misma edad, también se dedicaba a la prostitución en algún lugar de Europa.

Por Víctor Pérez - © 2010 en adelante

Pintura de Pino Daeni