martes, noviembre 15

Tierna inocencia...



-          Papá, ¿los empresarios son útiles?
-          Sí, claro.
-          ¿Y para qué lo son?
-          Pues, para dar trabajo a los trabajadores.
-          ¿Y por qué ellos pueden darles trabajo a los trabajadores?
-          Pues, porque montan negocios, empresas y fábricas.
-          Sí, pero para montar todo eso necesitan mucho dinero ¿no?
-          Sí, claro.
-          ¿Y de dónde lo sacan?
-          Pues si no lo tienen, los bancos se lo dejan.
-          ¡Ah! ¿Y, los bancos de dónde consiguen el dinero?
-          Pues supongo que de los miles de ciudadanos que cada mes depositan en ellos el dinero que ganan.
-          ¿Y dónde ganan toda esa gente su dinero?
-          Pues trabajando en los negocios, empresas y fábricas que los empresarios montan.
-          Ahhh… Creo que no lo entiendo, papá.
-          Pues, ahora que lo dices, hijo, me parece que yo tampoco…

Por Víctor Pérez - © 2011 en adelante

5 comentarios:

Aire__Azul dijo...

Hola, Víctor y los demás lectores,
Un cuento que parece muy sencillo, casi evidente y resulta que no lo es, en absoluto.
No conozco nada más potente que las series de preguntas de un niño para hacerte dudar de ti.
Víctor, esta vez, no me reí a carcajadas, sino que sonreí al ver cómo el padre, lleno de buena voluntad, y empezando bien, no consiguió desenvolverse en esta esquemática clase de economía. Y, como suele pasar cuando uno intenta explicar una cosa a su interlocutor, sobre todo si es un niño que lo quieren saber todo, pues, resulta que surgen paradojas, cosas extrañas o poco claras que nunca le habían saltado a la vista al pobre padre.
Así le pasa a este pobre hombre, cuyos modelos estereotipados de razonamientos ¬¬─ muchos tenemos cosas así, a uso de muletas─ no aguantan la menor duda y se derrumban por sí solas, como en un castillo de naipes.

De nuevo, has escrito un cuento astuto, eficaz y gracioso.
Muchas gracias.

Espero volver a leerte muy pronto.

Un saludo.

Aire~~Azul

Víctor Pérez Pérez dijo...

Gracias, Aire Azul, por haber hecho una lectura tan completa de un diálogo aparentemente sencillo pero que pretende, en efecto, ir más allá de lo que en verdad dice.
Un abrazo,
Víctor

Rosa B.G dijo...

Los niños saben preguntar, dan un rodeo y cuando te das cuenta te dejan con la boca abierte, pensativo, casi dudando.
Muy cómico este relato, un diálogo bien llevado y lleno de enseñanzas.

Un saludo
Me quedo para seguir el blog, si me lo permites.

Rosa.

Rosa B.G dijo...

Muy cómico este relato y atrayente. Nos llevas a través del diálogo por una serie de preguntas y respuestas que desembocan en un mar de dudas.
Genial! es tan bonita esa etapa en que los niños están preguntando todo el día!

Un abrazo
Rosa

Me quedo para seguir el blog.

E. Elabiest dijo...

La inocencia de los peques si solo fuera inocencia... Genial!